Salta, salta confía en mí

Eso es el amor. Cerrar los ojos, inspirar hondo, impulsarte con fuerza y saltar. Saltar esperando que abajo haya alguien, alguien que te recoja y no te deje caer, no te deje hacerte daño, no te deje sufrir. Sí, pensémoslo bien. En el fondo el amor se limita a eso, ¿no creéis? Como dijo alguien una vez: “La base del amor es la confianza”. Confiar en que aunque te caigas mil veces, la otra persona te ayudará a levantarte. Confiar en que la distancia sólo serán números que dupliquen vuestro amor y lo hagan más fuerte. Confiar en que nada ni nadie conseguirán romper esa magia, ese amor. Confiar en que, aunque no le llames, estará ahí siempre que lo necesites. Confiar en que, hasta en las mayores tormentas, te enseñará a bailar bajo la lluvia. Confiar en que, cuando sólo veas oscuridad a tu alrededor, vendrá con una velita a alumbrarte. Confiar en que cuando saltes del trampolín, te recogerá.

salta de mi mano, confía en mí

Muchas veces cuando saltas, no hay nadie abajo y entonces te das contra el suelo. Otras veces hay alguien que te sujeta, pero te has impulsado tan fuerte que no consigue sostenerte con firmeza y acabáis cayendo los dos. Yo creo que estos dos son los mayores obstáculos, porque muchas veces nos dan miedo y decidimos no saltar. Pero cada vez que te pase esto tienes que recordar que no todo es así. Piensa que hay veces que hay alguien que está ahí, esperando a que te decidas a saltar y que cuando lo hagas, hará todo lo posible para intentar cogerte y que no te caigas. Pero ese es el problema, que a veces hemos tenido tantas caídas, que no queremos volver a arriesgarnos, y ahí está la otra persona, esperando, observándote confusa, sin saber qué hacer.

Podría cambiar, arriesgarse con el plinton o asegurarse con el mini-tramp, pero siempre echará de menos al trampolín y a ti, que no te decidiste a saltar. Piensa que sí, quizás pueda pasar lo primero, que no haya nadie, o lo segundo, que no funcione, pero no todo tiene que ser malo ¿no crees? También puede ocurrir lo tercero, que te esté esperando y que cuando saltes te coja, que ni se la pase por la mente dejarte caer, que te agarre con todas su fuerzas, ¿por qué no?

Esta vez puede ser diferente a las demás, esta vez puede que esa persona te coja, que te coja tan fuerte que no te quiera soltar nunca, y que os quedéis así, abrazados en la colchoneta con el trampolín a vuestros pies y queriéndoos un poquito más a cada segundo. Que el miedo al fracaso no te impida jugar. Si no lo intentas, ¿cómo sabrás si ese trampolín es diferente?, ¿cómo sabrás si detrás de ese trampolín te espera el amor de tu vida?

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