Vive cada día como si fuese el primero del resto de tu vida

“Si todos los caminos llevan a Roma, ¿cómo se sale de Roma? A veces pensamos demasiado y sentimos muy poco. Si alguien quiere seriamente formar parte de tu vida, hará lo imposible por estar en ella. Aunque, en cierto modo, perdamos entre pantallas el valor de las miradas, olvidando que cuando alguien nos dedica su tiempo nos está regalando lo único que no recuperará jamás. 
Y es que la vida es un momento ¿sabes? Yo ahora estoy aquí y mañana no lo sé… Así que quería decirte que si alguna vez quieres algo, si quieres algo de verdad, ve por ello sin mirar atrás. Mirando al miedo de frente y a los ojos, entregando todo y dando el alma, sacando al niño que llevas dentro, ese que cree en los imposibles y que daría la luna por tocar una estrella… Así que no sé que será de mí mañana pero este sol siempre va a ser el mismo que el tuyo.
Los amigos son la familia que elegimos y yo te elijo a ti. Te elijo a ti por ser el dueño de las arrugas que tendré en los labios de vieja, y apuesto fuerte por todos estos años a tu lado, por las noches en vela, las fiestas, las risas, los secretos y los amores del pasado, tus abrazos así porque sí, sin venir a cuento, ni tener por qué celebrar algo.
Y es que en este tiempo me he dado cuenta de que los pequeños detalles son los que hacen las cosas grandes, que tú has hecho infinito mi límite, así que te doy las gracias por ser la única persona capaz de hacerme llorar riendo, por aparecer en mi vida con esa sonrisa loca, por ese brillo en los ojos capaz de pelear contra un millón de tsunamis…

Así que no, no sé dónde estaremos dentro de diez años, ni sé cómo se sale de Roma, no te puedo asegurar nada, pero te prometo que pase lo que pase, estés donde estés voy a acordarme de ti toda la vida y por eso mi luna va a estar siempre contigo, porque tú me enseñaste a vivir cada día cómo el primer día del resto de mi vida y eso… Eso no lo voy a olvidar a nunca.”

Anónimo

Anuncios

2013

Y otro año que se acaba. Cada vez se me pasan más rápido los 12 meses. Y es que hace cuatro años estaba a punto de presentarme a mis primeros exámenes de la carrera y ahora a punto de presentarme a los últimos. 

Es muy clásico esto de hacer balance del año que va a terminar, pero debemos hacerlo para no volver a cometer los mismos errores en el 2014 y poder mejorar los buenos momentos.

No voy a ponerme a pensar en lo malo, eso queda totalmente deshechado. En cambio, este 2013 me ha dado momentos muy buenos: he vuelto a hablar con personas que creía perdidas, he vivido momentos y viajes con mi grupo de baile que me han devuelto la ilusión. Dos amigas han tenido unos bebés más que preciosos y me tienen más contenta que una tía de verdad. He dejado atrás a personas que no me dejaban ser yo misma y he conocido a otras que me han ayudado a encontrarme y saber quién soy de verdad. 

Al 2014 podría pedirle mil cosas, podría hacer mil propósitos pero lo único que pido es un año mejor que este, al lado de personas que me quieran y consiguiendo todo lo que me proponga.

Y para celebrar que empieza otro año con nuevas oportunidades para ser y continuar siendo feliz, qué mejor manera que una fiesta por todo lo alto! 

¡¡Feliz 2014!!

Vamos a poner el mundo del revés

Un día te levantas por la mañana y ya nada es lo mismo. Te sientes nueva. Te das cuenta de que la vida son dos días y no vas a estar preocupándote por buscar al hombre ideal, lo mejor es disfrutar de la vida y que aparezca cuando tenga que aparecer, pero el correcto. ¿Quién sabe si acabará siendo ese que supuestamente “pasa de ti”? 

Pero, mientras tanto, vive. Vive sin límites, no des explicaciones y haz lo que te apetezca cuando te apetezca, porque ese es el sentido de la vida, hacer lo que tú quieres hacer. Porque nadie puede decirte lo que tienes o debes hacer. Nada mejor que vivir la vida sin compromisos.

¿Qué queremos las mujeres?

Voy a ser clara. 

Las mujeres no sabemos lo que queremos. O quizás sí pero no sabemos explicarlo, lo que sí puedo decir es que lo que sabemos con total certeza es lo que no queremos. 

No queremos que el hombre en cuestión sea celoso (bueno un poquito no daña a nadie, y nos hace sentir deseadas. Pero sólo un poco y en muy contadas ocasiones, nada de empezar “qué hacías con ese”, “como se vuelva a acercar a ti lo mato”… No, eso definitivamente no). No queremos que sea un “pasota”, queremos alguien que nos dé mimos, que se dé cuenta antes que nadie de que nos pasa algo y sepa qué película en concreto consigue hacernos llorar todo lo que tenemos dentro. Alguien que nos dé los buenos días antes de irse a trabajar y las buenas noches justo antes de irse a dormir. No queremos que nos hablen de sus tan temidas “-ex” (bueno vale, un poquito sí), pero no queremos que nos hablen a todas horas, somos cotillas y lo queremos saber todo (aunque pensemos por dentro que es una zorra), pero no queremos oírlo, no queremos oír que ella fue la primera en tal o cual cosa. Simplemente queremos saber si estáis dispuestos a hablar de ella, pero con cada cosa que decís nos hacéis más daño, así que no lo hagáis, y mucho menos no digáis “yo me tiré a Fulanita” cuando la conocimos hace meses. 

No queremos que nos quiten las “noches de chicas” y mucho menos nos pregunten qué es lo que hacemos en ellas (son de chicas…). No queremos que nos engañen, sois muy malos mintiendo. Por supuesto una infidelidad no se tolera, habrá mujeres que os perdonen (son tontas, no os creáis que tenéis una ganga) y se arrepentirán toda su vida, lo llevarán siempre con ellas, pero os encontraréis más veces con mujeres tipo yo que os dirán “ah vale, ya me contarás cómo te va. ¡Ah! Y nada de cuídate, espero que te vaya muy mal”. Podemos quejarnos de que pasáis mucho tiempo con los amigos, porque nosotras también existimos, pero no os preocupéis, en la mayoría de los casos lo decimos por si os interesa saber que nos preocupamos por la relación. 

No queremos que seáis demasiado “empalagosos” pero sí que nos cojáis de la mano delante de vuestros amigos, que nos deis besos sin ton ni son, no sé un poco de romanticismo del de antes. Si nos queréis, nos queréis tal y como somos, nada de criticar nuestros gustos (si tuviésemos otros no estaríamos con vosotros), aceptarlos y punto. No aceptamos ser mujeres objeto, por nada del mundo mundial. 

Y por último, y lo más importante de todo: no somos juguetes. O queréis algo con nosotras o no, pero nada de jugar a: hoy sí y en ocho días “ni me acuerdo de ti”. Ante todo existimos, ¿dónde se ha visto eso de “que no se entere nadie de que hablamos o quedamos” o no saludarnos si nos veis por ahí? Si vais a comportaros así, por favor absteneros de hablar a los ocho días diciendo “bombón”, “te voy a llevar a ver las estrellas”… Dejarlo, es lo mejor para nosotras, que nos estaremos torturando pensando qué es lo que hacemos mal para ir a dar con un cretino de un nivel tan alto. 

Si cumplís alguno de estos requisitos, será difícil que encontréis a una mujer normal. Y con normal me refiero a inteligente y con la cabeza sobre los hombros, es decir, lo que vosotros entendéis como “mujeres con las que casarse”. Nosotras no somos de ese tipo de chicas de “uyy, sí me encantas, si quieres que quedemos sólo un día a la semana y no me hablas, ¡perfecto! no me importa”, lo que vosotros entendéis (o eso parece), como las “mujeres con las que tener un polvo cuando a mí me apetezca porque siempre están ahí”. 

Sé que todo esto puede sonar a típica columna escrita por Carrie Bradshaw, pero es la verdad. 

Mensajes subliminales

Hay momentos que te gustaría olvidar para siempre. Dar marcha atrás en el tiempo y que jamás hubiesen ocurrido. Desfases de una noche de locura en que minutos después de haber hecho lo que hiciste ya te arrepientes. Momentos en los que se te abren los ojos y te das cuenta de lo que realmente quieres, de quién es esa persona por la que esa noche llegas llorando a casa. Por la que te arrepientes de haber besado a otro hombre.

Todo este tiempo intentabas mentalizarte que no significaba nada, simplemente era una obsesión, que entrar en su Facebook todos los días y cada poco mirar su última conexión era algo pasajero… Pero de repente, en segundos, te das cuenta que no. Que tus “me gusta” son un “gracias por hacerme saber algo de ti”, que te consuelas pensando en la única conversación de media hora que habéis tenido desde hace cuatro años pero que a la vez que nada tiene muchos mensajes subliminales…

Incertidumbre

¿Cuándo se sabe que es el momento adecuado? ¿Cómo sabes cuándo te has recuperado del todo? ¿Cuánto tiempo se supone que debes guardar por ese amor perdido? 

Ahora todo son preguntas. Pienso en cómo reaccionará la gente si me muestro alegre y feliz, seguro que piensan: “mira esa, una insensible…”. Pero si estoy triste, cabizbaja pensarán: “todo el día haciéndose la víctima”. Cuando lo dejas con tu pareja todo el mundo te aconseja que hay más hombres mejores en el mundo, que debes superarlo… Pero nadie te dice si es obligatorio pasar por esas fases. 

Yo ahora mismo me siento libre, feliz, contenta, pero me da miedo demostrarlo y mucho menos retomar contacto con mis amigos. Porque temo que digan: “mírala que fresca, acaba de dejar al novio y ahora ya busca sustituto”. Si habéis pasado por una ruptura seguro que sabéis de lo que os hablo: la incertidumbre. No sabes qué hacer y menos aún qué te depara el futuro, si hay algo bueno más allá de todo esto, si hay alguien esperando a que te “recuperes”, alguien que no se atreve a hablarte por miedo a tu reacción… 

Y tú mientras sola, quizás sea tan sólo una fase, quizás tengas que ser tú la que se lance porque ahora ya no es como antes. Ahora no tienen que venir a preguntarnos ellos “¿cómo lo llevas?”, podemos mandar un simple mensaje con un “hace mucho que no hablamos, espero que te vaya bien y podamos ponernos al día con más calma” aunque nos duela el alma con cada palabra porque es como si nos estuviésemos “rebajando”. 

Lo dejo en vuestras manos, cada persona tiene su propio estilo. Yo, personalmente, no tengo nada claro.

Empezar de cero

No todas las relaciones son bonitas, ni mucho menos. La mayoría de las parejas aparentan ser lo que no son, tienen miles de problemas detrás de esas sonrisas congeladas en sus caras. Van cogidos de la mano pero entre ellos hay un abismo insalvable, uno de ellos se aferra a la esperanza de que todo puede arreglarse pero el otro sabe que no, no hay vuelta atrás. Habrá problemas que se puedan solucionar pero el más importante de todos no tiene remedio: la desilusión. Una de las cosas que todos sabemos es que no debemos crearnos expectativas, pero no lo podemos evitar y al final acabamos desilusionándonos porque nada es como tenía que ser, ni siquiera los sentimientos que queríamos vivir, el primer día lo que recorría nuestro cuerpo no era amor, era ilusión, esperanza, obsesión porque todo saliese como planeábamos. 

 

Y aquí estoy ahora, arrepentida porque en el fondo me estoy dando cuenta de que, una de dos, o yo siempre saco lo peor de los hombres, o dos, todos son iguales. Al principio todos pretenden impresionar pero después de un tiempo se sienten ellos mismos y empiezan a no dejarte ser tú misma. Te cortan las conversaciones sobre temas que siempre te encantaron o simplemente anulan esa parte de ti, y después de esa una tras otra. Dejas de relacionarte con tus amigas excepto en la universidad, dejas de salir los viernes y los sábados, de ir a rallyes porque a él no le gustan. Como mucho un día al mes tomas algo en la terraza de una cafetería, te empieza a dominar en todos los ámbitos. Te obliga a hacer cosas que no quieres, casi no te deja hablar en público, no te permite tener tus propias opiniones y se enfada cuando le discutes algo.

Controla tu manera de vestir, controla tus amistades, anula tus amistades masculinas y atrévete tan sólo a saludar a un amigo que iba contigo a clase desde los cinco años… Ni siquiera puedes ir sola al gimnasio, y si lo haces tienes que radiarle todo cuanto acontece mientras estás allí.

Pero llega un momento en el que al acostarte te das cuenta, no eres tú, te manipula a su antojo. Empiezas a llorar por las noches, ¿en qué momento comenzó todo? ¿Qué he hecho para que esto sea así y no como yo esperaba?

Cada vez echo más de menos el messenger. Aquellas conversaciones que enamoraban, ilusionaban, no existía la rutina cada día se hablaba de algo nuevo y no había discusiones ni enfados. Enamoraba el simple hecho de que quisiese hablar conmigo (o al menos eso decía) cuando estaba con sus amigos. Tenía los mismos gustos y me enseñó todo lo que sé sobre el mundo del motor, era simplemente adorable y a pesar de no conocerme me trataba como nadie lo ha hecho. Me ilusioné y ahora que lo pienso siempre lo veía en momentos muy puntuales. Debería haberme dado cuenta de las señales, ahora no hay nada que hacer y si escribo esto es porque sé que no lo va leer y porque no tengo oportunidad ninguna. 

Y sobre todo para demostrar que una relación que empieza bien no tiene por qué seguir siendo así, y si no estás contenta con tu vida rompe las reglas, sé feliz. Nada te ata a nadie, la vida es la que te ata a ti y nadie puede manipularte para que seas alguien que no eres, esa no es la verdadera felicidad.